Café con compromiso

El merengue sin letra

Abiertamente desde hace algunos años me declaré enemiga de las religiones. Las razones obvias: no son más que un modo de dominio que durante siglos las personas han seguido sólo por imposiciones, por lo que he sido duramente criticada. Fui criada dentro de la religión católica. A los 7 años fui llevada como ganado al matadero a hacer la primera comunión, y recuerdo que decía con orgullo, recibí el cuerpo de Cristo de manos de Monseñor Iturriza, como toda ilusión de niña, sin saber porqués.

A mis 14 años conocí la religión Cristiano-evangélica, y ya creyendo que tenia criterio propio, asistía regularmente a “los cultos” públicos que hacían en cualquier esquina, y hasta llegué a sentir aquello que ellos dicen “el llamado”. Al tratar de dar el paso y convertirme a la religión, mi familia se opuso rotundamente. 7 años mas tarde mi novio me propuso matrimonio y acepté. Realmente no me sentía preparada para un matrimonio por la iglesia, pero era la única opción para salir casada entonces: o se hacía boda, como la sociedad imponía o no había casamiento. Y fue Pedro Daniel López, párroco del pueblo, quien oficializó aquello que llamamos “el teatro”. Así ha pasado un buen tiempo, e irónicamente, ahora el 80% de mi familia es Cristiano-evangélica, y ¿adivinen que? Me critican y mantienen oraciones para que yo termine de dar el paso. Gracioso, ¿no?

En fin, marcado este cuento por mis diferencias de 7 años, cuando tenía 28 años y pasado 7 años de aquella boda eclesiástica, llega a la clínica donde trabajaba en Caracas un paciente. Hablaba de una historia sobre los diversos actos de brujería que realizaba el presidente Chávez para mantenerse en el poder. Este tema en el país no era secreto para nadie: mas de una vez en sus incontables actos públicos, salia en su platea alguna secta diferente y comenzaban a verse con mas frecuencia en el recorrido del día a día en la ciudad. Bien, la historia, que este paciente y que particularmente me parecía tan absurda es la siguiente: en el sector el Valle, puerta de entrada de Caracas, donde se encuentra la pirámide con las imágenes de Fulano y Sutano (personajes que usan los santeros para sus rituales, y que no mencionaré en mi texto) está enterrado un elefante, cabeza hacia bajo, e hicieron un ritual que hace la gente de esta religión (la cual mencionó, pero no recuerdo). Cada pata del elefante esta señalando hacia un punto cardinal y sobre él, la pirámide, estratégicamente ubicada, para recibir la energía de los rayos del Sol y resguardada por la fuerza de las imágenes que a cada lado luce la pirámide. Yo decía: esto es ridículo, ¿un elefante? ¿es que acaso los vecinos del sector, no se darían cuenta al ser trasladado semejante animal?

Pasé página y seguí mi vida ya alejada de la clínica y de la invasión de todos aquellos que quieren imponer moda, estilos de vida, religión, patrones, etc. y aprendí a vivir según lo que considero. Me declaro creyente de Dios Absoluto, lucho por lo que creo, defiendo mis ideales, trabajo por algunas causas, y respeto las elecciones de los otros. Pero al leer cosas como las que salen en los titulares de prensa de mi país, me asombro cada vez mas con los ciudadanos: piden unas elecciones para escoger un candidato de unidad, y al tener ya uno definido, comienzan a darle cuerda a las palabras del actual presidente, Chávez quien en medio de la amenaza que esta elección representa, comienza a sacar trapos al aire, quedando sus discursos como aquella canción de los 90’s: El merengue sin letra,y meterse con los ancestros de Capriles Radosnki, cuya abuela se vio obligada a huir de Polonia tras la persecución nazi. Sí, trae ascendencia judía, ¿y qué? Como muchos venezolanos, y a decir verdad, eso no nos hace menos venezolanos que nadie. Yo también pertenezco a esa mezcla: fue mi bisabuela una mujer más huyendo de las miles de persecuciones que los sefardistas han vivido y jamás desistió de sus apellidos.

El Candidato Capriles Radosnki, siempre se ha visto como un practicante de la religión católica desde que es figura pública. Y no se le ha visto identificándose o cambiando de religión según la visita de turno, como el actual presidente, que con cada alianza se declara admirador de la nacionalidad del dictador con quien se encuentre. Al candidato Capriles Radonski tampoco se le ha visto faltando el respeto a su familia en un acto público, como el del actual presidente, en la que profesó que su amor por Fidel Castro era tan grande, que no sabía si lo quería como a un padre o a un hermano.

Por tanto concluyo queriendo hacer entender el gran cambio que realmente necesita el país, un cambio que comience con mucha siembra de cultura y educación. Arrancar de raíz el odio, y la división racial, social, política, religiosa y cultural, y sembrar mucha tolerancia y paciencia. Convertirnos en instrumento de crecimiento, no en piedra de tranca, y conseguir ser eso que fuimos todos alguna vez: Hermanos que creemos y luchamos juntos por un país.

SerenaRF1