Uncategorized

El Taxista de Kenia

Faltaba poco para finalizar el mes de septiembre en Qatar, y era la primera vez que osaba tomar un taxi sola en este pais. Destino: Un café con un montón de desconocidas venezolanas.

A pesar de haber vivido 3 años tranquila en Brasil y 6 años cómodamente bajo la protección de Vietnam, nada me ha hecho olvidar la mala experiencia vivida en Venezuela, cuando un taxista intentó robarme y violarme sexualmente. Hay un dicho que dice, nunca se sabe cuán fuerte eres, cuando ser fuerte es y tu única opción. En efecto, lo certifico. Durante aquella mala hora, de pensar mirarle la cara al marido y a mi hijo (para entonces solo tenía a Gabriel), o incluso a mi misma, pensando que un maldito infeliz me iba violar, me llenó de fuerzas para no dejarme. Ni violar, ni robar. Jamás pensé que yo podría pelear a puñetazos con un hombre, y mejor aún desarmarlo al punto que lo hice, ser brutalmente fuerte en ese momento era mi única elección. En fin, a pesar de que salí entera y por mí propio pie, la huella y el temor quedan. Alguna vez, durante un gran premio, también fui estafada por un taxista en Barcelona, quien viendo mi urgencia me pidió 100€ Por llevarme del circuito hasta el hotel donde yo me hospedaba.

Vamos, que no quiero perder el hilo, vuelvo al principio de mi historia. Embarqué el taxi aferrándome al ganchillo de la puerta, como para evitar que el seguro automático, haga lock. Siguiendo mi mapa de Uber de manera discreta además. El calor y el tráfico eran protagonista aquella mañana, yo tenía también un poco de ilusión de conocer venezolanas, y el grupo era grande, alrededor de 18 mujeres habían confirmado. El joven me pregunta de donde soy, le digo que de Venezuela. Inmediatamente supo de que país le estaba hablando, sabía de la economía, sabía de la economía en el pasado, y sabía muy bien de la terrible situación socio económica que a nuestro pesar aún tenemos. Asombrada ante todo lo informado que estaba el joven, hago la pregunta de vuelta, y responde, soy de Kenia. Pero nadie sabe nada de mi país. Le respondí, aunque admito, lo poco que en realidad sabía de Kenia. Es un país al Este de África, su capital es Nairobi y tienen uno de los mejores cafés del mundo. Sorprendido, se voltea con una sonrisa de asombro y diciendo, es la primera persona que sabe algo de mi país.
Le respondí, lamento no saber mucho más, como usted sabe del mío.

El joven responde, soy economista y tengo maestría en Ciencias política. Aquí trabajo de taxista, porque al final, tengo algo más de independencia económica que lo que puedo ganar en mi país. Aunque ahora allá, estamos intentando cambiar las cosas, tuvimos años de un gobierno comunista, que sólo causaba más y más pobreza. Cuba quería seguir metiendo sus manos, pero con un poco de esfuerzo, logramos sacarlos. Hoy intentamos recuperarnos, decía en su casi monólogo. Yo sólo me digné a asentir con la cabeza, escuchándole hablar con pasión del tema. Y prosiguió: ‘Ustedes en Venezuela deben hacerlo igual, eliminar el comunismo, porque ese mal es como un parásito, está allí carcomiendo y carcomiendo. Deben acabarlo de raíz sino, seguirán hundiéndose. La economía se recupera, años más o años menos, pero se debe iniciar con un cambio en la política, los valores, y nunca, pero nunca permitirse olvidar la democracia.
Como olvidas, un discurso así, pensé.

En que puerta quiere que la deje señora. No entendí la pregunta.
Perdone? Si, estamos a 2 minutos del centro comercial.
Ah, puerta 4.
Señora, y ya que me dice conoce el café de Kenia y me ha dicho que le parece bueno, hay un local aquí en el mall, el café es fresco y lo puede llevar en granos o molido. Y le agradezco que a pesar de decirme que sabe muy poco de mi país, sea una buena referencia, algo de lo que nos sentimos orgullosos de exportar.

Frente a la puerta 4, el taxista de Kenia en Qatar, me dejaba saber que el monto a pagar era 25QR. Pagué mi deuda y deseándole un buen día aquel joven profesional, ahora profesional del volante, quien me hacía cambiar un poco el mal concepto que tenía sobre los taxistas. Muy cierto es, hay que recuperar valores, y en Venezuela, hay mucho trabajo por hacer, medité.

Llegué puntualmente a mi encuentro, las chicas se iban incorporando de a poco, nos fuimos conociendo, empatizando, y hablando. Hablamos muchísimo y en español, una maravilla. Mi día había comenzado bien, continuó mejor después de conocer a las chicas, al terminar el encuentro, tomé otro taxi a casa, no tuve la misma suerte con el taxista de esta vez, pero igual daba, yo había tenido mi lucky day, y estoy segura que el joven de Kenia le estaría alegrando el día a otra persona más.  

Un gusto escribir durante este tiempo de coronavirus y quarentena.

Saludos,

Rocio Romero Navarrete

@uncafeconserena

Un comentario sobre “El Taxista de Kenia

  1. Hola Rocío. Leo esta nota y quedo prendido de varias cosas: la primera, el mal rato que pasaste aquí. Que susto y que bueno que saliste, gracias a ti misma y a Dios que nunca nos abandona, de ese mal rato. Lo siguiente, es el buen relato de tu viaje en taxi con este joven de Kenia, Y por supuesto, su forma de resumir nuestros males gracias a sus conocimientos en economía. En realidad el comunismo debería desaparecer como debieran desaparecer los mercados con animales vivos. Pero son cosas que veremos en un futuro si se dan o no. Por lo pronto, recibe un abrazo en cuarentena y libre de virus. Te quiero mucho

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s